Ciudad de México, 21 de octubre de 2025.– Durante la madrugada del 25 de diciembre de 1985, el Museo Nacional de Antropología fue escenario de uno de los crímenes más sorprendentes en la historia de México, cuando dos estudiantes de Veterinaria de la UNAM, Carlos Perches Treviño y Ramón Sardina García, robaron 124 piezas arqueológicas de las salas Maya, Mixteca y Mexica. El atraco, conocido como el robo del siglo, reveló graves deficiencias en la seguridad de los museos y puso en alerta a las autoridades culturales y policiales del país.
Los jóvenes, ambos de 21 años y provenientes de familias de clase media, se obsesionaron con las colecciones del museo y planearon el hurto durante seis meses, estudiando las rutinas del personal de seguridad. Eligieron la Nochebuena para actuar, aprovechando que la vigilancia era mínima. Ingresaron por los ductos de aire acondicionado y sustrajeron piezas de gran valor histórico y cultural, incluyendo objetos del cenote sagrado de Chichén Itzá, más de 60 piezas mayas de Palenque, joyas de oro mixtecas y la famosa máscara zapoteca del Dios Murciélago.
Tras el robo, Perches ocultó las piezas en su casa, mientras Sardina permaneció prófugo. La investigación, que incluyó colaboración de aduanas, migración y policía internacional, duró casi cuatro años. En 1989, gracias a la captura del narcotraficante Salvador Gutiérrez, alias El Cabo, se logró localizar la mayoría de las piezas y detener a Perches, quien fue condenado a 22 años de prisión. Sardina sigue prófugo, y algunas piezas nunca fueron recuperadas.
El impacto cultural del robo fue significativo: el Museo Nacional de Antropología reforzó sus medidas de seguridad, instaló alarmas electrónicas, cámaras de circuito cerrado y aumentó el número de guardias. Además, se reformó el Código Penal para sancionar más severamente los delitos contra el patrimonio cultural.
El suceso llamó la atención internacional y atrajo a figuras como Gabriel García Márquez, quien asistió a la ceremonia de devolución de las piezas en 1989 y manifestó su interés en escribir una novela sobre el caso, aunque nunca se publicó. Posteriormente, el director mexicano Alonso Ruizpalacios adaptó la historia a la pantalla grande con la película Museo, manteniendo el misterio sobre la motivación real de los jóvenes.
Hoy, el robo del Museo Nacional de Antropología sigue siendo recordado como un caso emblemático que combinó audacia, negligencia y fascinación por la historia de México, y que transformó para siempre la forma en que se protege el patrimonio cultural del país.
