El nuevo miembro de la dinastía Ferrari —tras los legendarios 288 GTO, F40, F50, Enzo y LaFerrari— ya está aquí. Se llama F80 y promete redefinir lo que entendemos por un hypercar. ¿Está a la altura de sus predecesores? Nos subimos al volante para averiguarlo.
Ferrari debería haberlo pensado mejor: si vas a invitar a un grupo de periodistas de mediana edad a probar tu más reciente superdeportivo en un circuito italiano, no estaciones un impecable 288 GTO rojo en los pits. Pero eso fue exactamente lo que hicieron. En cuanto bajamos de la furgoneta, todos nos dirigimos hipnotizados hacia esa joya de 40 años, el primer superdeportivo de Ferrari, incluso más elegante que el F40 y más potente que el Porsche 959. Para un niño de 10 años, era el coche de ensueño definitivo.
Su diseño, reminiscente del 308 GTB pero con esteroides, escondía innovaciones sorprendentes: motor V8 turbo montado longitudinalmente, tres ranuras laterales detrás de las ruedas traseras y una transmisión que sobresalía por debajo del parachoques.

2025: De vuelta al presente
Ahí estaba yo, frente al 288 GTO, boquiabierto… hasta que recordé a qué había venido: probar el Ferrari F80, con 1,200 caballos de fuerza y un precio de 3.6 millones de euros. El contraste entre ambos modelos no podría ser mayor. Donde el GTO es arte clásico con esteroides, el F80 es un instrumento de precisión científica: agresivo, bajo, ancho y desbordante de aerodinámica funcional. Su diseño no busca agradar: busca dominar.
Ingeniería sin concesiones
Pintado en Rosso Supercar, el F80 parece el doble de ancho que de alto (2.05 m vs. 1.14 m). Su cabina en forma de burbuja y los innumerables detalles aerodinámicos (canales, alerones, difusores) lo hacen parecer más prototipo de Le Mans que auto de calle. Es impactante verlo. Es aún más impactante conducirlo.
Su estructura parte de un monocasco de fibra de carbono, con subchasis de aluminio en ambos extremos. Por primera vez, Ferrari emplea componentes impresos en 3D para la suspensión, lo que reduce la masa no suspendida. Los amortiguadores activos Multimatic y resortes de titanio aseguran que la aerodinámica funcione siempre al máximo.
Los frenos, tomados del Ferrari 296 Challenge, son discos CCM-R Plus de Brembo: potentes, resistentes al calor y suaves al tacto, incluso tras horas en pista a 37 °C. Y como detalle ingenieril: los conductos de refrigeración del sistema de frenos delanteros forman parte de la estructura frontal del auto.
Las llantas de serie son de fibra de carbono, pero para la prueba en pista se optó por unas de aluminio forjado.






Motor con pedigree de Le Mans
Bajo la carrocería, el F80 esconde un sistema híbrido derivado de los campeones: el V6 biturbo de 3.0 litros con ángulo de 120° es el mismo que impulsa al 296 GTB y al Ferrari 499P, tricampeón en Le Mans. Acompañado por tres motores eléctricos (dos delanteros y uno trasero) y turbos con asistencia eléctrica, produce un total de 1,200 caballos de fuerza.
¿El resultado? Una aceleración brutal, pero sin brusquedad. La entrega de potencia es lineal, sin vacíos, sin sobresaltos, como una ola interminable. Lo asombroso es cómo Ferrari ha logrado que toda esta complejidad se sienta natural.
En la recta de Misano, constantemente llegaba con más velocidad de la que pensaba. A la salida de cada curva, los motores eléctricos empujaban con inmediatez, seguidos por el rugido progresivo del V6. La transmisión de doble embrague y ocho velocidades responde tan rápido como muevas la leva derecha. Si no estás concentrado, el motor alcanzará su limitador de 9,200 rpm antes de que te des cuenta.
Conclusión: el futuro está aquí
El Ferrari F80 no es un superdeportivo romántico ni una reinterpretación retro. Es una máquina sin concesiones, diseñada desde cero con lo mejor de la ingeniería actual. Brutal, bello a su manera, y con un rendimiento que no solo impresiona, sino que redefine lo que puede ser un coche de calle.
Ferrari no ha creado solo un sucesor digno de sus leyendas: ha fabricado una nueva referencia para el futuro.
