Hace menos de un año, Bugatti presentó el Tourbillon, el sucesor del icónico Chiron, un hiperdeportivo que promete marcar un antes y un después para la marca. Como era de esperar, el Tourbillon es un verdadero espectáculo en todos los sentidos, pero lo que más llama la atención son los precios desmesurados de sus opciones y detalles personalizados.
Algunas de estas opciones alcanzan valores tan elevados que una simple pintura puede costar lo mismo que un Rolls-Royce, mientras que otros complementos llegan a precios comparables con vehículos como un Volkswagen Golf GTI.
Aunque el perfil típico de comprador de un Bugatti rara vez se preocupa por el medio ambiente, la tendencia hacia la ecología y el downsizing también empieza a influir incluso en este segmento exclusivo.
