El nuevo hiperdeportivo de Bugatti destaca por múltiples razones, pero pocas tan llamativas como su sistema de sonido. A diferencia de los autos tradicionales que cuentan con altavoces visibles, el Tourbillon utiliza las propias superficies interiores y la carrocería de fibra de carbono como transductores acústicos. Esto se logra mediante elementos piezoeléctricos que hacen vibrar estas superficies para generar el sonido, aprovechando el principio básico de que el sonido es aire en vibración.



Desde que Bugatti pasó a formar parte de una joint venture en 2021 —donde Rimac posee el 55% y Porsche el 45%—, el Tourbillon se ha convertido en su máximo exponente. Este sucesor del Chiron sorprende no solo por su mecánica híbrida enchufable, sus prestaciones y precio, sino también por la tecnología vanguardista que incorpora.
En entrevista con la revista Top Gear, Mate Rimac, CEO de Rimac, explicó cómo este sistema permite ahorrar espacio y peso, al tiempo que mejora la calidad del sonido. Mientras que un altavoz tradicional usa un imán pesado para mover una bobina y un diafragma, el Tourbillon emplea materiales piezoeléctricos, como pequeños cristales de cuarzo, que reciben la señal eléctrica y hacen vibrar un diafragma de metal plano. La carrocería, los paneles de las puertas y el techo funcionan como ese diafragma gigante, transmitiendo las vibraciones y generando un sonido envolvente y nítido.
Rimac destaca: «Si no lo hacemos nosotros, ¿quién lo hará? Alguien tiene que ser el primero en intentarlo. Créeme, la calidad de sonido es de otro mundo comparada con la del Chiron».
Pero el Tourbillon es mucho más que un innovador sistema de sonido. Este hiperdeportivo francés cuenta con un motor V16 atmosférico, tres motores eléctricos de Rimac, y más de 1,800 caballos de fuerza. Acelera de 0 a 100 km/h en apenas 2 segundos, alcanza 445 km/h y puede recorrer hasta 60 kilómetros en modo totalmente eléctrico. Todo esto con un precio que ronda los 3.6 millones de euros.
Entre otras innovaciones destacan su volante fijo con aro giratorio, la instrumentación artesanal hecha en titanio macizo, zafiro y rubíes con más de 600 piezas, suspensión con componentes impresos en 3D, un difusor trasero estructural que protege la zaga, aerodinámica pasiva-activa con conductos tipo Venturi y spoilers activos, además de un monocasco que integra la batería y los asientos como parte de su estructura.
El Bugatti Tourbillon es, sin duda, un ejemplo de ingeniería y diseño que redefine el futuro de los hiperdeportivos.
