La dulce historia detrás de Marinela, la famosa marca de pastelitos de Bimbo
Marinela, una de las filiales más queridas de Grupo Bimbo, lleva más de seis décadas en el corazón (y la lonchera) de millones de mexicanos. Con pastelitos como Gansito, Pingüinos y Submarinos, la marca se ha convertido en un ícono nacional, pero pocos conocen la historia emotiva que le dio origen.
Todo comenzó en 1954, cuando los fundadores de Bimbo, Lorenzo y Roberto Servitje, decidieron incursionar en el mercado de los pastelillos estilo americano y las galletas. Para ello crearon Pabisa (Pastelería y Bizcochos, S.A.) y su marca inicial, Keik. Sin embargo, esta primera apuesta no tuvo el éxito esperado, en parte por el empaque frágil de sus productos que complicaba su distribución.
Lejos de rendirse, los hermanos Servitje apostaron por una transformación. Cambiaron el nombre de la empresa a Marinela y renovaron por completo su línea de productos y su forma de empaquetarlos. Fue así como nació la marca que todos conocemos.
Pero lo más entrañable de esta historia es el origen del nombre. De acuerdo con el portal El CEO, Lorenzo Servitje eligió “Marinela” en honor a su hija recién nacida, María Elena Servitje, a quien de cariño llamaban así en casa.
A partir de ese momento, bajo la dirección técnica de Alfonso Velasco, se lanzaron al mercado nuevos pastelitos en porciones individuales como Canastitas, Pipuchos, Delicias y Empanadas. Con una envoltura más resistente y atractiva, Marinela conquistó a los consumidores mexicanos.
Hoy, María Elena Servitje, nacida en 1957, es reconocida como una de las herederas del emporio panificador. Estudió Sociología en la Universidad Iberoamericana y fue directora del museo El Papalote. También fundó “Sietecolores”, una empresa enfocada en la creación de espacios públicos.
En su vida personal, está casada con el abogado Fernando Lerdo de Tejada Luna. Su hijo, Fernando Lerdo de Tejada Servitje, es codirector de Bimbo desde 2022. Además, Marinela es tía de la reconocida actriz Marina de Tavira.
Así, detrás de cada pastelito Marinela hay una historia de familia, innovación y amor paternal que endulzó —literalmente— la historia empresarial de México.
