En medio del lodo y la devastación que dejó el desbordamiento del río Guadalupe, en Kerr, Texas, dos figuras se abrían paso entre la madera y los escombros: no eran rescatistas locales ni elementos de cuerpos estadounidenses. Eran ‘Erik’ y ‘Bata’, binomios caninos mexicanos, acompañados por sus manejadores, Eduardo Rosales Rodríguez y Janeth Michelle Valencia Ayala, de la Fiscalía General del Estado de Michoacán.
Aunque su presencia parecía inusual, su labor fue vital. La tragedia ha cobrado la vida de más de 100 personas y dejado a decenas desaparecidas. En medio de este panorama desolador, la ayuda mexicana volvió a cruzar la frontera para hacer lo que mejor sabe: salvar vidas y brindar esperanza.
Los binomios se encontraban en Hill Country participando en un curso técnico sobre recuperación de restos en cuerpos de agua, organizado por la embajada de EE. UU. en México. Pero cuando se declaró el estado de desastre, las autoridades estadounidenses solicitaron su activación inmediata. No lo dudaron. Se unieron de inmediato a las brigadas que trabajan en Bandera, San Antonio y zonas vecinas, con labores bajo coordinación local.
El embajador estadounidense en México, Ronald Johnson, reconoció públicamente su labor. A través de su cuenta de X (antes Twitter), escribió:
“Estados Unidos y México están unidos, no sólo como vecinos, sino como familia, especialmente en tiempos de necesidad”.
La participación de estos binomios trasciende la cooperación técnica. En un contexto donde las tensiones políticas y los discursos antimigrantes no han cesado —sobre todo con Donald Trump nuevamente en la presidencia—, la ayuda mexicana se presenta como un gesto de humanidad que no entiende de muros ni prejuicios.
Porque cuando la tragedia toca la puerta, no hay banderas, solo solidaridad. Y en esta historia, los verdaderos héroes tienen cuatro patas, un olfato entrenado y un corazón enorme.
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