La política migratoria del presidente Donald Trump sumó este martes un nuevo episodio polémico con la inauguración de Alligator Alcatraz, un centro federal de detención para migrantes construido en los humedales de los Everglades, al sur de Florida.
El complejo, edificado en apenas ocho días sobre una antigua pista aérea, fue diseñado para operar bajo un modelo de “detención exprés”, permitiendo decisiones migratorias en menos de 96 horas mediante inteligencia artificial, sin intervención de jueces migratorios ni asistencia legal garantizada.

Durante la ceremonia de apertura, Trump elogió la ubicación del centro: “Tenemos muchos guardaespaldas y muchos policías en forma de caimanes. No hay que pagarles tanto”, bromeó, en referencia a la fauna que rodea el sitio. El presidente también anunció que instalaciones similares serán replicadas en Texas, Nuevo México y Arizona antes de fin de año.
El gobernador Ron DeSantis, presente en el evento, defendió el modelo como una medida “eficiente y disuasiva”, mientras que organizaciones de derechos humanos lo calificaron como “una fábrica de deportaciones” y denunciaron la opacidad del proceso, que incluye entrevistas automatizadas y vigilancia biométrica.
Alligator Alcatraz tiene capacidad para albergar hasta 5,000 personas y ha sido señalado por ambientalistas por su impacto en un ecosistema de alto valor ecológico. La comunidad nativa Miccosukee y grupos como el Centro para la Diversidad Biológica han advertido que la construcción pone en riesgo especies protegidas como la pantera de Florida y el manatí antillano.
El proyecto, financiado parcialmente con fondos de la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA), ha sido presentado por la Casa Blanca como parte de la “mayor campaña de deportación masiva en la historia de Estados Unidos”.
