Budapest, Hungría, 29 de junio de 2025 — Con banderas arcoíris ondeando y consignas en defensa de los derechos humanos, decenas de miles de personas salieron a las calles de Budapest para participar en la Marcha del Orgullo, en un acto que no solo celebró la diversidad, sino que también se convirtió en un desafío directo al gobierno del primer ministro ultraconservador Viktor Orbán.
Pese a que el evento fue formalmente prohibido por las autoridades húngaras, la comunidad LGBTIQ+ y sus aliados se manifestaron pacíficamente, haciendo de la Budapest Pride 2025 una fuerte toma de posición internacional contra las políticas represivas que han sido promovidas por el régimen de Orbán en los últimos años.
“Este año, la ‘Budapest Pride’ no es solo una fiesta, es una declaración política global”, expresaron los organizadores. Para muchos, como Ákos Horváth, un estudiante de 18 años que viajó desde el sur del país, la participación fue un acto de resistencia. “No se trata únicamente de representar a la gente gay, sino de defender los derechos del pueblo húngaro”, señaló.


El gobierno de Orbán, conocido por sus posturas anti-LGBTIQ+ y su tendencia a restringir derechos civiles, evitó una intervención violenta durante la marcha, buscando no generar imágenes de represión que pudieran afectar su imagen internacional. Sin embargo, el primer ministro lanzó advertencias legales contra personas gays, lesbianas y trans, dejando claro que su administración continuará vigilando y persiguiendo lo que considera «conductas fuera del marco tradicional».
La protesta no solo llamó la atención en Europa Central, sino que se convirtió en un símbolo de solidaridad internacional, con activistas de distintos países que acudieron a apoyar a la comunidad húngara en medio de un clima político cada vez más hostil.
