La neozelandesa Lorde está de vuelta y no vino a complacer: vino a sacudir. Su nuevo álbum, Virgin, lanzado este 27 de junio, es un viaje sonoro crudo, eléctrico y emocional que marca un giro radical respecto a su etapa solar y contemplativa de Solar Power.
Con apenas 34 minutos de duración, el disco es breve pero intenso. Desde el primer track, Hammer, queda claro que Lorde está en modo catarsis: sintetizadores densos, percusiones frenéticas y letras que hablan de deseo, compulsión y cuerpo sin censura. “Escribí este álbum con sangre”, dijo la artista en una entrevista reciente. Y se nota.
La producción corre a cargo de Jim-E Stack, con colaboraciones de Dev Hynes, Dan Nigro y Bleachers, entre otros. Esta vez, Jack Antonoff —su productor habitual— no figura en los créditos, y eso se siente: Virgin suena más urbano, más sucio, más libre.
Entre los temas más comentados están Man of the Year, donde Lorde desafía los estereotipos de género con una frase que ya es viral: “No me digas cómo verme. Soy el hombre del año”; y Broken Glass, una balada confesional sobre su lucha con un trastorno alimentario.
La portada del disco también ha dado de qué hablar: una radiografía pélvica con un DIU, cinturón y cierre metálico. Una imagen que subvierte la idea tradicional de “virginidad” y la convierte en símbolo de autonomía, deseo y tecnología.

Y por si fuera poco, Lorde presentó el álbum con un show sorpresa en Glastonbury, donde interpretó varios temas nuevos y una versión íntima de Royals. El público enloqueció.
