Hace cuatro décadas, el Coloso de Santa Úrsula fue testigo de una historia legendaria: la genialidad de Diego Armando Maradona que elevó el estadio al estatus de templo sagrado ante 100 mil espectadores. Hoy, con la capital mexicana vibrando nuevamente como sede de la Copa Mundial, la fe de los aficionados ha encontrado un nuevo símbolo: la imagen del Niño Jesús vestido con el uniforme de la Selección Mexicana.
Esta insólita representación, que combina fervor religioso y pasión futbolera, ha captado la atención de cientos de visitantes. Lo que comienza como una sorpresa visual al ver una figura sagrada ataviada con los colores del Tri, rápidamente se transforma en un acto de devoción. Fieles y curiosos aprovechan la visita para tomar fotografías y elevar plegarias por el éxito del equipo nacional de México, convirtiendo la Catedral Metropolitana en un punto de encuentro único para el aficionado del balompié.

Peticiones y fe: El fenómeno del “Niño Futbolista”
Ubicada estratégicamente en el Altar de los Reyes, la pequeña efigie luce el uniforme completo de la selección acompañado de un balón en miniatura. Este escenario se ha convertido en un sitio de culto, donde la oración tradicional convive con la algarabía de la fiebre mundialista.
La figura genera opiniones encontradas. Mientras algunos sectores debaten sobre la pertinencia de esta caracterización, otros la consideran un canal legítimo para proyectar las esperanzas de gloria del plantel mexicano rumbo al decisivo encuentro de este domingo 5 de julio. Para muchos, como el aficionado Carlos Silva, esta imagen es un amuleto potente para atraer la buena suerte en el torneo.

Una forma única de celebrar la pasión mundialista en CDMX
El interés trasciende fronteras. Visitantes nacionales y extranjeros, como Esteban y Rubí, aprovecharon su estancia en la CDMX por la fase eliminatoria del torneo para visitar esta curiosa figura. Para ellos, este gesto refleja la identidad y el entusiasmo desbordante de la afición mexicana.
“Nuestra visita tiene como fin pedir por el bienestar familiar, además de aprovechar para que mi hermana conociera los atractivos históricos de la capital”, comentó Rubí durante su recorrido por el recinto.
Por su parte, Esteban destacó la espontaneidad del mexicano para integrar su identidad cultural con la fiesta deportiva: “El mexicano tiene la capacidad de celebrar cualquier evento con una intensidad única. Me enorgullece ver esta espontaneidad, muy distinta a la sobriedad de otras culturas”.

La esperanza de la afición mexicana: ¿Y si sí?
Incluso turistas extranjeros, como Pablo, originario de España, han quedado sorprendidos por esta manifestación cultural, reconociéndola como un sello distintivo de la idiosincrasia latinoamericana. Antes de concluir su visita, muchos se retiran contagiados por el optimismo que circula en redes sociales bajo la popular interrogante: “¿Y si sí?”, una frase que resume el sueño colectivo de ver triunfar al equipo mexicano.
aDB
