El espacio de estilismo, que operaba bajo sigilo en el segundo piso del recinto legislativo, fue inhabilitado con sellos de seguridad tras la difusión de imágenes que generaron indignación en redes sociales.
El Senado de la República se encuentra nuevamente en el ojo del huracán mediático tras la clausura repentina de una estética habilitada para legisladores en el complejo de Reforma e Insurgentes. El miércoles 4 de febrero de 2026, lo que comenzó como un «secreto a voces» terminó con la colocación de sellos de inhabilitación en un local que, hasta hace poco, operaba sin anuncios oficiales ni señalética externa.
El video que rompió el sigilo
La polémica estalló cuando la periodista Laura Brugés difundió un video en la red social X, donde se observaba a la senadora del Partido Verde Ecologista de México (PVEM), Juanita Guerra, recibiendo un tratamiento de tinte. El material visual despertó cuestionamientos inmediatos sobre el cumplimiento de los lineamientos de austeridad que, en teoría, mantenían este tipo de espacios cerrados desde el año 2018.
Ante las críticas, la presidenta de la Mesa Directiva, Laura Itzel Castillo, salió en defensa del recinto de belleza. Según la legisladora, contar con una estética no representa un privilegio indebido ni un cargo al erario público, argumentando que servicios similares existen de forma regular en la Cámara de Diputados.
Operación bajo la sombra y servicios ofrecidos
El salón de belleza se encontraba ubicado estratégicamente en el segundo piso del Senado. Para evitar la atención pública, la entrada solo contaba con una placa blanca sin texto alguno. No obstante, al cruzar el umbral, el lugar estaba plenamente equipado con sillas de estilismo, lavabos para cabello, espejos y herramientas de maquillaje profesional.
Las fuentes indican que las actividades se intensificaban durante los días de sesión legislativa, en un horario de 7:00 a 14:00 horas. Aunque versiones extraoficiales señalaron a la senadora Andrea Chávez Treviño como la impulsora de su rehabilitación, la directiva del Senado aseguró que la reapertura respondió a una petición colectiva de las legisladoras.
¿Quién paga por el maquillaje y el peinado?
Uno de los puntos más álgidos del debate es el financiamiento de estos servicios. Al respecto, Laura Itzel Castillo fue enfática al declarar que cada senadora paga de su propio bolsillo por los cortes, peinados y maquillaje que recibe. «No se les está pagando el peinado, ni el maquillaje, ni la pintura, ni nada de estas cosas», puntualizó la funcionaria, intentando desvincular el uso del espacio de un gasto público injustificado.
Castillo también defendió la labor de Jasmine, la encargada de la estética, calificando su labor como un «trabajo digno». Sostuvo que es necesario que los representantes populares estén «bien presentados» para acudir a las sesiones plenarias.
Un debate ético con antecedentes
La existencia de peluquerías en recintos oficiales no es un tema nuevo en la política mexicana. En el año 2016, surgió una controversia similar en San Lázaro cuando el entonces diputado Ariel Juárez Rodríguez pidió acceso para su estilista personal.
Desde 2007, voces como la de la panista María Elena Álvarez Bernal han cuestionado la justificación ética de estos gastos. En aquel periodo, grupos de trabajo encargados de la ética parlamentaria determinaron que no había motivo para que la Cámara erogara recursos en dichos fines, sugiriendo que, de existir, el servicio debería ser subrogado para evitar conflictos con la austeridad.
Cierre inesperado y sin explicaciones
A pesar de la defensa férrea por parte de la presidencia del Senado, el destino del salón cambió en cuestión de minutos. Poco después de que se justificara públicamente su operación, personal de resguardo procedió a colocar sellos de clausura en la puerta del local. Esta acción se llevó a cabo sin que mediara una explicación oficial adicional, dejando en el aire si la inhabilitación será permanente o solo una medida temporal para mitigar la presión social derivada de la polémica.
Por el momento, el acceso al segundo piso donde se encontraba la estética permanece bajo vigilancia, mientras el debate sobre la ética y la austeridad republicana vuelve a ocupar un lugar central en la discusión nacional.
