Ciudad de México, 21 de octubre de 2025.– El Sistema Cutzamala, encargado de abastecer entre el 20% y 25% del agua que se consume en la Ciudad de México y municipios conurbados del Estado de México, alcanzó el 96.22% de su capacidad, con un acumulado de 752,964,000 m³, según el último reporte de la Comisión Nacional del Agua (Conagua).
La directora del Organismo de Cuenca Aguas del Valle de México (OCAVM), Citlalli Peraza Camacho, señaló que estos niveles permitirán garantizar el suministro de agua potable en el Valle de México durante los próximos 24 meses, estimando que al concluir la temporada de lluvias 2025 se llegará al 98% de la capacidad, con 766 millones de metros cúbicos.
Actualmente, la Conagua distribuye un promedio de 6.5 m³ por segundo a los organismos de agua de la CDMX y del Estado de México, cifra superior a los 4 m³/s entregados durante la crisis hídrica de 2023 y 2024, aunque todavía por debajo del promedio histórico de 10 m³/s.
Según datos del Sistema de Aguas de la Ciudad de México (Sacmex), cada persona consume en promedio 380 litros diarios, más del doble del parámetro internacional recomendado por la OMS, que establece 100 litros diarios para cubrir necesidades básicas de consumo e higiene. La ONU establece que el mínimo vital de agua por persona se sitúa entre 50 y 100 litros diarios, equivalentes a 18,250 a 36,500 litros al año.
A pesar del nivel actual de Cutzamala, el acceso sostenible al agua en la CDMX enfrenta desafíos crecientes debido al cambio climático, que altera los patrones de lluvia y reduce la recarga de acuíferos, y al crecimiento poblacional y la urbanización, que aumentan la demanda. La capital depende en gran medida de acuíferos subterráneos sobreexplotados, que generan hundimientos en varias zonas urbanas, y del Sistema Cutzamala, cuyo transporte desde fuentes distantes incrementa los costos, las pérdidas por fugas y la vulnerabilidad ante sequías.
Se estima que más del 40% del agua se pierde antes de llegar a los usuarios debido al deterioro de la infraestructura hidráulica. A esto se suman los problemas de contaminación en mantos acuíferos y cuerpos superficiales, que requieren tratamientos adicionales para garantizar la calidad del agua destinada al consumo.
