En una puesta en escena cargada de simbolismo militar, el presidente Donald Trump propuso utilizar ciudades estadounidenses como campos de entrenamiento para las fuerzas armadas, en lo que llamó una respuesta a la “invasión interna” que enfrenta el país. El discurso, pronunciado ante más de 800 altos mandos en Quantico, Virginia, fue acompañado por el secretario de Guerra, Pete Hegseth, quien anunció el fin de las políticas de diversidad en el ejército.
Trump aseguró que “lugares como Chicago, San Francisco o Nueva York” podrían servir como zonas de práctica para tropas, en medio de una narrativa que mezcla seguridad nacional con confrontación ideológica. La propuesta incluye el despliegue de militares en zonas urbanas, la eliminación de estándares inclusivos en el Pentágono y una reconfiguración del ejército bajo una “ética guerrera”.
El mensaje ha sido interpretado como una escalada en la retórica belicista del mandatario, que insiste en que Estados Unidos está en guerra consigo mismo. Diversos sectores han expresado preocupación por el uso del ejército en tareas civiles y el impacto que esto podría tener en la democracia estadounidense.
