Entre gritos y desesperación, personas envueltas en llamas corrieron pidiendo auxilio tras la fuerte explosión de una pipa de gas ocurrida la tarde de ayer a la altura del puente de La Concordia, en Iztapalapa. El estallido, registrado a las 14:28 horas, convirtió la zona en un escenario de horror.
Vecinos de las colonias Lomas de Zaragoza y San Miguel Teotongo intentaron sofocar las llamas con cubetas de agua, garrafones y hasta tierra. “Muchos vecinos salieron con cubetas con agua e incluso echaron tierra a las personas para apagarlas, fue una situación muy complicada”, relató Jacqueline Cortés, habitante del lugar.
Sobre las banquetas quedaron autos calcinados, prendas chamuscadas y objetos personales reducidos a cenizas. “Había gente incendiada, tratamos de apagarlos con cobijas, pero fue una pesadilla”, recordó un vecino conmovido.
Durante más de dos horas, el asfalto permaneció caliente, impregnado con el penetrante olor a gas. El incesante sonido de patrullas y ambulancias acompañó la angustia de cientos de testigos que no lograban salir del shock.
Una onda expansiva que se sintió a 700 metros
La explosión alcanzó hasta la unidad habitacional Ermita Zaragoza, cercana a la estación Santa Marta del Metro, a unos 500-700 metros de distancia.
“Primero escuchamos un estruendo que hizo vibrar las ventanas; luego vimos una enorme nube de humo blanco y, de repente, una cortina de fuego que subió al cielo”, narró Joaquín, vecino de la zona.
Algunos jóvenes corrieron hacia el Metro, pero se toparon con multitudes que huían en dirección contraria gritando “¡fuego!, ¡fuego!”. Doña Petra, otra habitante, decidió resguardarse en casa al sentir que el aire empujaba con fuerza sus ventanas. “Mi hijo me llamó y me dijo: no salga, todo se está quemando”.
Caminatas interminables
El caos también alcanzó la movilidad. La emergencia paralizó el tránsito y obligó a decenas de personas a caminar durante horas. Quienes salían de la Central de Abasto hacia la estación Santa Marta recorrieron hasta tres horas en busca de transporte.
Otros caminaron sobre avenida México-Texcoco y la carretera México-Puebla para dirigirse a colonias y municipios como Ixtapaluca, Chapingo o Ayotla.
“Misael llevaba tres horas caminando desde el Eje 6 porque no había transporte. Aún me faltan dos horas para llegar a casa en Ixtapaluca”, contó, visiblemente agotado.
Por la noche, el paradero de la estación Santa Marta seguía vacío de microbuses, combis y camiones, mientras grúas de la Secretaría de Seguridad Ciudadana continuaban removiendo los vehículos siniestrados entre el olor a combustible y las huellas de la tragedia.
