Desde el inicio de su segunda administración, Donald Trump ha sostenido una firme presión comercial y arancelaria sobre México, especialmente ante cualquier intento de proteger a funcionarios y familiares vinculados al gobierno de López Obrador.
Las recientes declaraciones de Ismael “El Mayo” Zambada han generado expectativa, aunque el capo no precisó nombres ni cargos de los funcionarios mexicanos, militares o policías que sobornó en los últimos 45 años. Sus abogados advirtieron que tampoco lo harán posteriormente. Sin embargo, se considera que la Fiscalía de Estados Unidos ya cuenta con información que le permitió negociar su sentencia, evitando la pena de muerte y un juicio con testigos declarantes.
El gobierno estadounidense, encabezado por Trump, calificó la declaración de culpabilidad de Zambada como una victoria histórica. Para la fiscal general Pam Bondi, “El Mayo morirá en una prisión federal estadounidense, donde pertenece. Este terrorista extranjero cometió crímenes atroces contra el pueblo estadounidense; ahora pagará como si estuviera en el corredor de la muerte”.
En contraste, la respuesta del gobierno mexicano se limitó a indicar que, si existen pruebas sobre funcionarios que recibieron sobornos, estas deben presentarse ante la Fiscalía General de la República.
Implicaciones bilaterales y estrategia de Trump
El trasfondo de este caso tiene alto impacto en la relación México-Estados Unidos. Trump ha declarado a los capos de droga como terroristas y mantiene una estrategia global para frenar el tráfico de drogas sintéticas, como el fentanilo, y perseguir a los principales líderes del narcotráfico.
Operativos recientes, como la presencia de la Marina estadounidense en las costas venezolanas contra Nicolás Maduro y el Cártel de los Soles, ejemplifican esta política. De igual manera, la presión sobre la migración ilegal avanza mediante operativos coordinados, que incluyen a fuerzas mexicanas, para frenar caravanas de migrantes hacia Estados Unidos.
Ante este contexto, queda claro que Trump tiene la sartén por el mango en las negociaciones con México, incluyendo la renegociación del T-MEC y otros temas comerciales, lo que evidencia un desequilibrio en la relación bilateral.
Aunque el discurso oficial en México defiende el nacionalismo y la soberanía, en la práctica los negociadores mexicanos enfrentan una presión constante de sus contrapartes estadounidenses, especialmente en materia de seguridad y combate al narcotráfico.
El escenario indica que la persecución y captura de narcopolíticos vinculados a la 4T será inevitable, más allá de las manifestaciones públicas o discursos patrióticos que se presenten ante la opinión pública.
