María Arteaga, reconocida maquilladora profesional, lanza una advertencia clara: “Si tu piel es madura, nunca maquilles tus ojos con sombras brillantes”.
Esta recomendación cobra especial relevancia a partir de los 50 años, cuando la piel que rodea los ojos comienza a perder firmeza y elasticidad. En esta etapa, el maquillaje debe adaptarse para realzar la belleza natural sin acentuar las señales del envejecimiento.
Un ejemplo es el de la presentadora Nuria Roca (53), quien reconoce sin rodeos: “Mi básico de belleza son las pestañas postizas. Se han convertido en una necesidad”. Y es que, con el paso del tiempo, la mirada necesita nuevos aliados.
Arteaga señala que una de las claves está en entender cómo cambia la estructura del rostro con los años. La pérdida de firmeza, sumada a factores genéticos como los ojos hundidos, puede hacer que ciertas técnicas de maquillaje dejen de favorecer. “Muchas personas se miran al espejo y sienten que algo no encaja tras maquillarse, y no es culpa suya”, afirma. “El problema es aplicar técnicas universales sin considerar el tipo de ojo ni la edad”.
Por eso, la especialista propone un enfoque personalizado. Su método se basa en tres principios: suavizar el volumen donde sobra, aportar luz en puntos estratégicos y lograr una mirada rejuvenecida, sin excesos. El objetivo no es ocultar la edad, sino sacarle el mejor partido con sutileza y elegancia.
