Alrededor de 600 personas, en su mayoría jóvenes y habitantes de pueblos originarios del sur de la Ciudad de México, participaron este fin de semana en la segunda marcha contra la gentrificación. La protesta buscó visibilizar el impacto de los megaproyectos urbanos, especialmente ante la proximidad del Mundial de Futbol 2026, donde México será una de las sedes.
Bajo la consigna “Queremos vivienda, el Mundial nos vale…”, los manifestantes rechazaron la especulación inmobiliaria, el alza en los precios de la vivienda y el desplazamiento de comunidades enteras por obras que, señalaron, benefician más al turismo que a los residentes. Uno de los proyectos más señalados fue el desarrollo en Fuentes Brotantes 134, calificado por activistas como «ecocida».
La manifestación arrancó en la estación del Metrobús Fuentes Brotantes, aunque el servicio fue suspendido anticipadamente, lo que obligó a muchos asistentes a movilizarse desde puntos más lejanos. Policías de la Secretaría de Seguridad Ciudadana encapsularon al contingente por casi 40 minutos, retrasando el avance hacia El Caminero, punto final de la marcha.
A diferencia de la primera protesta del 4 de julio, donde se registraron daños a negocios, esta movilización fue en gran parte pacífica. Sin embargo, al final del recorrido, un grupo rompió cristales del Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC), en Ciudad Universitaria.
Erick Meléndez, del Barrio del Niño Jesús en Tlalpan, denunció que la gentrificación “despoja a los pueblos originarios de sus territorios” y criticó que las leyes favorezcan intereses políticos e inmobiliarios por encima de los derechos de las comunidades.
