Lo que durante años fue solo una ilusión en el corazón del medio oeste estadounidense, hoy es una realidad: el Thunder de Oklahoma City es campeón de la NBA. En una noche inolvidable, el equipo venció 103-91 a los Indiana Pacers en el Juego 7 de unas Finales que quedarán grabadas en la memoria colectiva de la ciudad.
Con un Paycom Center desbordado de emoción, Shai Gilgeous-Alexander lideró la gesta con una actuación digna de MVP: 29 puntos, 12 asistencias y 4 rebotes. A su lado, Jalen Williams y Chet Holmgren completaron el tridente que devolvió la gloria a una franquicia que, desde su mudanza en 2008, había vivido más frustraciones que festejos.
El partido tuvo un giro dramático temprano: Tyrese Haliburton, alma de los Pacers, cayó lesionado en el primer cuarto. Su ausencia pesó, aunque Indiana resistió con valentía hasta el descanso. Pero el tercer cuarto fue todo para Oklahoma: un parcial de 34-20 que inclinó la balanza y desató la euforia.
Este campeonato no solo es el primero para el Thunder, sino también el símbolo de una nueva era en la NBA: siete campeones distintos en siete temporadas, una liga más abierta, más competitiva, más impredecible.
